El coronavirus activó una crisis sanitaria que desconoce fronteras y que descalabró la economía mundial. Jaquea al sistema de salud en el país y desafía a las autoridades. Obliga a ponerse en guardia. Sin embargo, es inevitable que la política haga de las suyas en medio de la pandemia. Las especulaciones sobre si beneficia o perjudica a una gestión pululan en los comentarios de las redes, como los que el Covid-19 le vino como anillo al dedo al Gobierno para desviar la atención de otros temas que se imponían por atropellada en la agenda pública. En la Argentina las crisis se suelen usar como una excelente excusa para distribuir culpas y para ahondar las diferencias; pero hoy el coronavirus reta ese paradigma porque impone acciones conjuntas. Unidos o dominados, desde la seriedad o desde el marketing, con mediocridad o con temeridad, asumiendo los riesgos de las posibles equivocaciones y de los grandes aciertos. Esta pandemia exige la presencia de expertos en la materia para prevenir un estallido expansivo y atenuar los efectos mortales; pero en el marco de las interpretaciones políticas mejor para la gestión si estos tienen algo de olfato político, por lo menos en un país como el nuestro, donde todo se promueve y se interpreta en esa clave. Es un sello nacional, el deporte criollo.

Por ejemplo, sobre Ginés González García, hombre de la salud respetado por propios y extraños, desde el propio oficialismo se deslizó que “llegó tarde” para enfrentarse al Covid-19, ya que había dicho que no llegaría aún al país y luego, ante la presencia de infectados, se manifestó sorprendido. Esa gaffe se decodificó en términos políticos, no médicos, por lo que comenzaron a circular rumores de cambios al frente de la cartera -cuándo no-, a tan sólo tres meses de gestión y sólo porque cometió un error imposible en un profesional de sus quilates en materia de predicción sobre una enfermedad. ¿Quién podría reemplazarlo? A lanzar nombres. Un discípulo suyo reunía las condiciones para colocarse ese barbijo. Alguien a quien el propio González García le propuso a José Alperovich para que sea su ministro de Salud allá por 2003: Manzur. “Para Juan esto es pan comido”, deslizó un integrante del gabinete. El gobernador, un experto médico sanitarista, estuvo justamente en Buenos Aires los días previos a que el Presidente dispusiera la emergencia sanitaria por un año para el país. ¿Tuvo algo que ver en la redacción del Decreto de Necesidad y Urgencia del Gobierno nacional? Aunque la pregunta más interesante sería si efectivamente lo llamaron para ofrecerle el Ministerio de Salud.

El tucumano ya supo estar en esa cartera nacional, entre 2009 y 2015, bajo la tutela de Cristina Fernández, ministerio al que llegó para enfrentar la epidemia de Gripe A. Lo hizo con acierto y hasta recibió elogios y aplausos de la actual vicepresidente cuando lo despidió para que hiciera campaña como candidato a gobernador en 2015. Después, cuando el mandatario dijo el imperdonable “Cristina ya fue” -en política a nadie se lo declara muerto- se ganó una enemiga temible, hoy la única con poder de veto sobre su persona, como para impedirle el acceso a los planos nacionales. Sin embargo, tras el estallido de la crisis epidemiológica, se comentó que la propia ex presidenta le habría levantado el pulgar, aunque de malas maneras, para que en el gabinete se considere su sapiencia sobre epidemias. Manzur siente un especial orgullo por su labor nacional en Salud -“yo declaré al país libre de sarampión”, remarca-, y critica con dureza a Macri. “Todo lo que hicimos fue desmantelado en cuatro años”, se queja. No responde respecto de si hubo tal ofrecimiento de Alberto Fernández; se pone serio y contesta con un “yo estoy muy bien en Tucumán”.

Efectivamente se reunió con el Presidente y hablaron sobre el coronavirus, un tema imposible de quedar marginado en esa charla, por la amistad que se profesan, por la lealtad que le expresa el tucumano al jefe de Estado y porque en esta materia Manzur es un especialista; su opinión tiene no sólo los pergaminos de sus diplomas profesionales sino, además, su paso por la gestión nacional. Es palabra autorizada en una crisis epidemiológica. Es inevitable consultarlo. ¡Cómo no sospechar que se lo quiera tener de nuevo al frente para darle pelea a esta crisis sanitaria! O muy cerca. ¿Hubo oferta y también rechazo? Se puede especular que ambas cosas ocurrieran en función de las reuniones, de los dichos y gestos posteriores. La afirmación de Manzur de que está cómodo en Tucumán y que, por lo tanto, prefiere continuar ejerciendo el poder también es un mensaje fronteras adentro; no sólo forma parte del juego interpretativo la negativa a ocupar un espacio central en el escenario nacional, para el que el coronavirus le abrió imprevistamente una puerta que ya se le había clausurado. Se le fue cerrando lentamente en 2019 cuando se lo mencionaba como posible Jefe de Gabinete de Alberto. Ir a la cartera de Salud para lidiar con la pandemia del Covid-19 le podría ocupar a lo sumo seis meses, hasta que pase el invierno -al decir de los que saben-, y luego regresar a la provincia. Estaría en su salsa, tal como se lo vio en el Salón Blanco frente a la prensa, exponiendo sobre lo que mejor maneja. No hablaba el político, sino el médico.

Si hubo o no pedido o si no aceptó, permite elucubrar que tal vez podría haber sugerido algún nombre. No podría reconocerlo porque sería una falta de respeto para con su maestro, incluso hasta del propio Alberto para con su ministro. Decir que está cómodo en el sillón de Lucas Córdoba y dejar entrever que no lo seduce un cargo en el poder central, implica como se dijo un mensaje contundente hacia el peronismo tucumano. Básicamente revela que disfruta el rol del “uno” y que su pretensión es conducir el espacio político. Su concepción en este capítulo es la clásica en el partido de Perón: el que gobierna lidera las estructuras del PJ y por lo tanto es el que conduce. Ya preside el partido provincial, le falta consolidarse como jefe político, tiene algunos adláteres -que andan a los codazos por mostrarse como tales-, resta que nazca formalmente el manzurismo. Decir que se queda porque le agrada conlleva toda una intencionalidad en esa línea. En el marco de ese pensamiento tradicional partidario es que suele repetir que Alberto es el único conductor del peronismo y que tiene que presidir el PJ. Lo propone, e insiste. “Es lo natural”, afirma desde la mirada peronista. Lo novedoso es que ahora también sostiene que sería bueno que quien lo secunde en el partido sea la propia Cristina, para reafirmar la unidad en el peronismo y beneficiar la gobernabilidad, desalentando quiebres anticipados porque aún les restan cuatro años de gestión. Y entre todos. El respeto expuesto a ese uno-dos nacional también tiene bajada local. En ese marco, el coronavirus vino a desafiarlos a mantenerse juntos a todos, política e institucionalmente.

El proceso de atacar el virus incluye un trabajo coordinado entre la Nación y los gobernadores. Aspecto en el que Manzur destaca del resto porque es su especialidad, razón por la que no puede equivocarse en su provincia. Por lo menos, el jueves, a diferencia de González García admitió que el coronavirus va a llegar a Tucumán. Léase como advertencia sanitaria o como paraguas político. Si aparece, acierta, si no, triunfo de la gestión de salud. Sus acciones van a ser seguidas con atención dado que tiene puesto el barbijo no sólo para prevenir como político sino para actuar como un experto. No puede fracasar como sanitarista porque la devaluación sería como político. He aquí un dilema que se le presenta, tampoco puede ir a contramano de las medidas que adopte la Nación porque estaría desautorizando a su maestro y a su Gobierno. Está entrampado: toma medidas que cree conveniente como médico fronteras adentro de Tucumán o privilegia el interés político para no entrar en colisión con la Nación. Sucedería, por ejemplo, si él llega a decir que las clases tienen que suspenderse cuando la Nación entiende lo contrario. Ese choque no se produjo por lo menos en este fin de semana. ¿Qué es lo mejor desde lo sanitario y qué es lo conveniente desde lo político? El coronavirus lo pone a prueba más que al resto de los gobernadores y que el propio Gobierno nacional, porque como especialista no puede fracasar en la provincia en algo que fue bueno en la Nación. La lupa apuntará al médico que se preocupa por la salud, aunque deba moverse con los códigos de la política. Por de pronto deslizó que prefiere estar en Tucumán, que está cómodo aquí, para el peronismo esa definición es más que clara sobre lo que quiere para su futuro político. Eso trasciende la batalla contra el coronavirus. Es el político el que avisa, no es el médico el que responde. Pero tendrá que demostrar que cuida a los tucumanos.